Archive | February 2014

Bingo, Bango… ¡Bongo!

Saben aquell que diu que Tony “Factory” Wilson le contaba lo siguiente a Simon Reynolds:

“The great line about U2 is Bernard’s again. It’s Rapido in 1989, and he’s asked whether as a pop star you can take yourself too seriously. And Bernard says, ‘Yeah, you can. You can get a bit above yourself. Like that guy, what’s his name… Bongo.'”

bango

Copyleft de rises compartido con Rudiguito. Respect!

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Natacha Atlas – River Man

Nick Drake mirando la Alhambra desde el Paseo de los Tristes.

Tumizadora Karenn

En 2014 seguimos opinando que el acero fabricado en otras factorías es una bosta. ¡Ensidesa o muerte!
Valentina Des Raves opina lo mismo, y por eso nos sugiere esta simpática tonada:

Asian Dub Foundation – New Way, New Life

Súper fuerte abrazo a Asian Dub Foundation, que lo mismo se marcaban este melocotonazo en 2000, con su correspondiente vídeo tan majete, que amenazaban con arrancarle la cabeza a algún entrevistador, por bocas.

Danny Brown – Old

El anterior trabajo largo de Danny Brown, XXX, nos llegó a muchos como llegan las buenas sorpresas: tan de repente, que necesitamos algo de tiempo para darnos cuenta de todo lo que representan.  Aunque en su momento se presentó como una mixtape, con el tiempo se ha terminado considerando a XXX como un álbum por derecho propio, algo que por cierto debería llevar a preguntarnos si la diferencia entre mixtape y álbum es la capacidad de transcendencia que tienen sus canciones, más allá de las diferencias entre los canales usados para su distribución. Pero más allá de esta cuestión, los medios destacaron cómo este rapero de Detroit había logrado llamar tanto la atención con una colección de temas que principalmente iban sobre drogas y sexo. Eso sí, sobre unas bases que también resultaban atractivas por lo bien escogidas que estaban en base a un criterio muy claro: el de su carácter inusual o, como se dice en inglés, left-wing. Muchos eran los momentos álgidos de aquel álbum, que incluía temas tan impactantes como el mórbido “Die Like a Rockstar” –con menciones a cadáveres jóvenes como los de Kurt Cobain, Keith Moon, Jimi Hendrix, Heath Ledger, John Belushi, y un buen puñado más- explorando su veta más oscura, “Radio Song, en el que demostraba su capacidad para observar y comentar con perspectiva crítica la situación de la industria musical al tiempo que subrayaba su independencia de la misma, rapeando sobre las presiones que recibe para escribir un single que reviente las listas de ventas y, claro, ‘I Will’, en la que airea con todo detalle su afición por el cunnilingus.

Unos años más tarde, y con el estupendo single ‘Grown Up’ –y su entrañable videoclip, que he enlazado encima de este párrafo. ¿No os recuerda la canción a A Tribe Called Quest?- como puente entre los dos álbumes, llegó en el 2013 Old. Del disco hay que comentar en primer lugar su título. Danny Brown tiene más de treinta años, así que un salto generacional le separa de todos los jóvenes raperos que hablan en sus canciones sobre vivir rápido al tiempo que hacen ostentación materialista. Brown también rapea sobre esos temas, no está exento de contradicciones, pero su edad y su personalidad le permiten distanciarse y ofrecer una visión más reposada y reflexiva sobre los tópicos de cierto hip hop estadounidense. En primer lugar, esa distancia está presente en su decisión –ya veremos si definitiva- de dar carpetazo al relato, lleno de miseria, de los primeros años de su vida. Lo hace en la primera mitad del álbum en diez canciones sobre bases ariscas al tiempo que reflexivas, y en las que saca el máximo partido a su capacidad para observar pequeños detalles que hacen que sus historias cobren vida ante nuestros oídos.

Así, a lo largo de este primer tramo de Old, Brown habla de los inviernos sin calefacción en Michigan (‘Side A / Old’),  de la violencia como último recurso para aquellos cuya voz no es escuchada por nadie (‘The Return’, título que hace referencia a un clásico de Outkast, una importante referencia estética en el caso de Brown), del momento decisivo en el que comenzó a traficar con drogas como alternativa al trabajo duro de sus padres que apenas les daba para sobrevivir (’25 Bucks’),  de los tiroteos y casos de prostitución que veía cuando iba a comprar el pan de niño (‘Wonderbread’), o de las pesadillas que le provoca la ultraviolencia que contempló creciendo (‘Torture’).  De nuevo, la originalidad de Danny Brown reside en parte en la perspectiva que le da su edad, algo que se puede ver en detalles como cuando en ‘Gremlins’ critica a los que no quieren ir a la universidad porque quieren ser como 2 Chainz, sin darse cuenta de que el propio 2 Chainz fue a la universidad. Todo este hiperrealismo consigue funcionar porque conecta con la capacidad del hip hop de reflejar la realidad de la calle sin perder de vista la pista de baile o las ganas de diversión. En este sentido, destaca la creatividad y efectividad de las bases, sobre las que Danny Brown siempre consigue acomodar su fraseo para aumentar su impacto rítmico.  

Con ‘SideB (Dope Song)’ da comienzo la segunda parte del disco, muy diferente en cuanto a bases, pero sobre todo en lo que a letras se refiere. Sin ir más lejos, ‘Dope Song’ está producida por Rustie, evidenciando las interesantes conexiones que se han ido estableciendo en los últimos años entre el hip hop estadounidense y la electrónica y bass music británica, como se puede ver hasta  (¿o deberíamos decir especialmente?) en el Yeezus de Kanye West. En este sentido, también es muy significativo que uno de los temas se llame, directamente, ‘Dubstep’, aunque es de suponer que Brown se esté refiriendo más bien a la derivación para estadios y festivales del sonido londinense que se ha popularizdo en EEUU últimamente. Se trata, en cualquier caso, de una vía de intercambio de ideas que parece que va a tener un largo recorrido y nos seguirá dando sorpresas en los próximos meses. Lo llamativo en el caso de Danny Brown es que sea capaz de usar una base con un carácter tan marcado como el de Rustie y de adaptar su forma de rapear para integrarse a la perfección en el patrón rítmico de la canción. Es algo que el propio Brown ha reconocido perseguir con este disco: plantearse ritmos que le supongan un reto. Es por este motivo que este tramo del disco funciona igual de bien que el primero, aunque en cuanto a letras pasen a un primer plano las ganas de fiesta. A pesar de esta transición, sigue habiendo conexiones con la primera parte del disco: así, en ‘Dope Song’ Brown recuerda que es la última vez que habla sobre su pasado, al tiempo que critica a los raperos que siguen explotando lustros después sus mitos fundacionales para perpetuar su credibilidad callejera. No es la única crítica interesante que aparece en esta sección del disco: en ‘Dip’ describe un subidón de Molly, para después denunciar que muchos raperos hablan de esa droga sin realmente haberla probado.

 

A pesar de que la rareza en el hip hop sigue cotizando al alza, y que en este sentido Danny Brown va sobrado, con ‘Old’ ha conseguido trascender el  principal peligro al que estaba expuesta su carrera, que era el de convertirse en una caricatura de su propia personalidad pública. ‘Old’ es un disco extrañamente reflexivo y fiestero, marcado por el punto de vista desde el que se sitúa el Danny Brown narrador sin perder la rudeza de sus inicios. Lo más sorprendente de todo es que entre las influencias confesadas por el propio Brown se encuentran el ‘Closer’ de Joy Divison y el ‘The Bends’ de Radiohead, aunque su presencia no se puede detectar tanto en lo musical como en el tono del álbum. En cualquier caso, Danny Brown sigue siendo uno de los personajes más vibrantes de la música popular estadounidense contemporánea.