Libros de música: ‘Prince’ de Matt Thorne.

 

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Tiene que ser realmente complicado escribir un libro sobre un personaje tan poliédrico y complejo como Prince. La sobrecarga informativa a la que se puede exponer un escritor a la hora de afrontar un proyecto así tiene que ser tan grande que la idea de una biografía definitiva sobre el de Minneapolis es, en estos momentos, poco menos que imposible, como consecuencia también del hecho de que Prince no ha sido precisamente generoso (o transparente) en sus entrevistas. El enfoque de Matt Thorne en este volumen no es el peor posible: ante la negativa de Prince a la hora de colaborar, se propone reconstruir su obra a partir de las declaraciones de quienes trabajaron con él. El principal problema es que la visión de toda esta gente está filtrada por sus relaciones, pocas veces cordiales a lo largo del tiempo, con el precoz músico, lo que provoca que en más de una ocasión nos podamos permitir poner en duda lo que estamos leyendo.

 

Aún así, hay cuestiones específicas muy interesantes que resultan más creíbles por estar sobradamente contrastadas por los personajes que desfilan a lo largo de estas biografías. Este sería el caso, por ejemplo,  de todo lo referido a sus hábitos de trabajo, o cómo el tracklist de los discos era algo cambiante hasta el último momento, cuando Prince se sacaba de la manga un concepto que unifica un conjunto en el que, en no pocas ocasiones, conviven canciones escritas por Prince en diferentes épocas y rescatadas para la ocasión de su mítico almacén de canciones (que tiene hasta nombre: The Vault). No es la fiabilidad de los colaboradores, en todo caso, el principal problema de esta biografía, sino el hecho de que la condición de fan de su autor tiene varias consecuencias negativas: por una parte el libro se centra en pequeños datos que solo pueden interesar a fans cómo él (en particular los exhaustivos recuentos de canciones tocadas en conciertos y fiestas varias), y por otra –y sobre todo- se echa en falta un análisis más en profundidad de al menos sus lanzamientos oficiales, que en ocasiones se ventilan en media docena de páginas de manera un tanto rutinaria. La táctica de Thorne suele limitarse a explicar de qué van las letras, y deja en un plano los aspectos más interesante de la música de Prince: sus innovaciones sonoras, que todavía planean en buena parte de la música más inquieta que se hace hoy día, y su significado en el contexto de la época. ¿Cómo puede pasar por alto, por ejemplo, la creatividad rítmica de un disco magistral en este sentido como es Sign o’the times? Datos como que Chuck D comentó en una ocasión que su fraseo está en parte basado en el de Prince en el tema que da título a precisamente ese álbum merecía detenerse a examinar las implicaciones de esta influencia.

 

Tampoco es que el libro sea un desastre, simplemente parece que le falta más trabajo para ser lo que aspiraba a ser: el análisis definitivo de la biografía de Prince. Hay que reconocer, de todos modos, que hay algunas ideas interesantes desperdigadas a lo largo del libro. Me han gustado en particular dos: la primera es la que dice que la carrera de Prince habría dado menos bandazos si en vez de liquidar a The Revolution a finales de los ochenta los hubiese retomado esporádicamente de un modo similar a como lo hicieron Bruce Springsteen con la E Street Band o Neil Young con sus Crazy Horse. La otra idea es la que señala cómo Prince en los noventa dejó de jugar con los roles de género, como solía hacer en los ochenta, para adoptar una actitud mucho más masculina, y cómo este viraje en su obra fue una de las causas de su pérdida de capacidad para sorprender a partir de entonces.

 

Y también, por supuesto, en una obra tan extensa como la de Prince, que solo los más fanáticos conocen bien, es inevitable que la lectura de este libro te lleve a cosas que nunca habías escuchado antes. En particular, yo estaba interesado en investigar sus proyectos paralelos, y en este sentido el libro cumple más o menos su tarea. De hecho, me enteré de la existencia de esta biografía cuando se publicó uno de los capítulos dedicados a los protegidos de Prince como adelanto en el segundo número de la efímera revista Loops. Es en este terreno donde más satisfacciones tuve: a The Time ya los conocía bastante bien –su disco ‘What Time is It’ esta a la altura de cualquiera de las obras maestras del propio Prince-, y aunque el nivel medio es muy irregular, casi en todos los discos que llevo escuchados tras leer este libro se puede encontrar algo de interés. Uno de los ejemplos más significativos es el tercer álbum de New Power Generation, que tal y como se explica en el libro es en realidad un disco de Prince por derecho propio, y uno de los que merece la pena rescatar para dignificar un poco una de las etapas más complicadas de su carrera, la de la segunda mitad de los noventa.

 

El libro llega hasta el último disco publicado hasta el momento por Prince, y las páginas que dedica el autor a analizar el momento artístico actual en el que se encuentra dejan un sabor amargo. Da la sensación de que Prince ha ralentizado su producción y sus ambiciones, de que ha dicho todo lo que podía decir y que a partir de ahora se limitará a tocar sus grandes éxitos con gran éxito de público, como parecen confirmar sus últimos y muy discretos singles, y sus recientes conciertos en el Reino Unido. 

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