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Untold, o la música como bola de demolición.

Durante el pasado verano el Reino Unido estuvo expuesto a una ola de calor que dio como resultado uno de los veranos más calurosos en las islas británicas desde que se registran datos al respecto. Untold grabó su primer álbum justamente en ese momento, al tiempo que se preparaba para abandonar la ciudad de Londres después de una década viviendo ahí y dejando su marca en eso tan abstracto de la UK bass music. Ya sabemos por el punk que calor, crisis y Londres son ingredientes muy estimulantes para la música, así que estos datos son interesantes a la hora de escuchar las canciones de este disco, porque la urgencia y el efecto expansivo del calor se han colado, efectivamente,  hasta el tuétano en las nuevas canciones del productor británico.

Black Light Spiral empieza acumulando tensión con las sirenas y subgraves de ‘5Wheels’, una tensión que no se libera hasta la explosión rítmica del siguiente tema, ‘Drop it on the One’. Pero mi momento favorito del disco es el tercer tema, ‘Sing a Love Song’, una auténtica bola de demolición sonora a partir de un par de elementos jamaicanos y un enfoque muy físico y confrontacional. Hay momentos en los que el sonido parece abalanzarse desde los altavoces para engullirte, especialmente después del breve respiro con el desquiciado piano sampleado hacia la mitad de la canción. Pero quizás lo mejor de todo es que Untold es de los pocos que han logrado interpretar de manera casi simultánea la canícula, el caos, y la sobrecarga de estímulos contemporáneos de una manera que te urge a bailar la revolución. Y además sin que nadie pudiese adivinar que la música del británico fuese dar un giro tan dramático y excitante. A mí el mundo en el 2014 me suena así.

Danny Brown – Old

El anterior trabajo largo de Danny Brown, XXX, nos llegó a muchos como llegan las buenas sorpresas: tan de repente, que necesitamos algo de tiempo para darnos cuenta de todo lo que representan.  Aunque en su momento se presentó como una mixtape, con el tiempo se ha terminado considerando a XXX como un álbum por derecho propio, algo que por cierto debería llevar a preguntarnos si la diferencia entre mixtape y álbum es la capacidad de transcendencia que tienen sus canciones, más allá de las diferencias entre los canales usados para su distribución. Pero más allá de esta cuestión, los medios destacaron cómo este rapero de Detroit había logrado llamar tanto la atención con una colección de temas que principalmente iban sobre drogas y sexo. Eso sí, sobre unas bases que también resultaban atractivas por lo bien escogidas que estaban en base a un criterio muy claro: el de su carácter inusual o, como se dice en inglés, left-wing. Muchos eran los momentos álgidos de aquel álbum, que incluía temas tan impactantes como el mórbido “Die Like a Rockstar” –con menciones a cadáveres jóvenes como los de Kurt Cobain, Keith Moon, Jimi Hendrix, Heath Ledger, John Belushi, y un buen puñado más- explorando su veta más oscura, “Radio Song, en el que demostraba su capacidad para observar y comentar con perspectiva crítica la situación de la industria musical al tiempo que subrayaba su independencia de la misma, rapeando sobre las presiones que recibe para escribir un single que reviente las listas de ventas y, claro, ‘I Will’, en la que airea con todo detalle su afición por el cunnilingus.

Unos años más tarde, y con el estupendo single ‘Grown Up’ –y su entrañable videoclip, que he enlazado encima de este párrafo. ¿No os recuerda la canción a A Tribe Called Quest?- como puente entre los dos álbumes, llegó en el 2013 Old. Del disco hay que comentar en primer lugar su título. Danny Brown tiene más de treinta años, así que un salto generacional le separa de todos los jóvenes raperos que hablan en sus canciones sobre vivir rápido al tiempo que hacen ostentación materialista. Brown también rapea sobre esos temas, no está exento de contradicciones, pero su edad y su personalidad le permiten distanciarse y ofrecer una visión más reposada y reflexiva sobre los tópicos de cierto hip hop estadounidense. En primer lugar, esa distancia está presente en su decisión –ya veremos si definitiva- de dar carpetazo al relato, lleno de miseria, de los primeros años de su vida. Lo hace en la primera mitad del álbum en diez canciones sobre bases ariscas al tiempo que reflexivas, y en las que saca el máximo partido a su capacidad para observar pequeños detalles que hacen que sus historias cobren vida ante nuestros oídos.

Así, a lo largo de este primer tramo de Old, Brown habla de los inviernos sin calefacción en Michigan (‘Side A / Old’),  de la violencia como último recurso para aquellos cuya voz no es escuchada por nadie (‘The Return’, título que hace referencia a un clásico de Outkast, una importante referencia estética en el caso de Brown), del momento decisivo en el que comenzó a traficar con drogas como alternativa al trabajo duro de sus padres que apenas les daba para sobrevivir (’25 Bucks’),  de los tiroteos y casos de prostitución que veía cuando iba a comprar el pan de niño (‘Wonderbread’), o de las pesadillas que le provoca la ultraviolencia que contempló creciendo (‘Torture’).  De nuevo, la originalidad de Danny Brown reside en parte en la perspectiva que le da su edad, algo que se puede ver en detalles como cuando en ‘Gremlins’ critica a los que no quieren ir a la universidad porque quieren ser como 2 Chainz, sin darse cuenta de que el propio 2 Chainz fue a la universidad. Todo este hiperrealismo consigue funcionar porque conecta con la capacidad del hip hop de reflejar la realidad de la calle sin perder de vista la pista de baile o las ganas de diversión. En este sentido, destaca la creatividad y efectividad de las bases, sobre las que Danny Brown siempre consigue acomodar su fraseo para aumentar su impacto rítmico.  

Con ‘SideB (Dope Song)’ da comienzo la segunda parte del disco, muy diferente en cuanto a bases, pero sobre todo en lo que a letras se refiere. Sin ir más lejos, ‘Dope Song’ está producida por Rustie, evidenciando las interesantes conexiones que se han ido estableciendo en los últimos años entre el hip hop estadounidense y la electrónica y bass music británica, como se puede ver hasta  (¿o deberíamos decir especialmente?) en el Yeezus de Kanye West. En este sentido, también es muy significativo que uno de los temas se llame, directamente, ‘Dubstep’, aunque es de suponer que Brown se esté refiriendo más bien a la derivación para estadios y festivales del sonido londinense que se ha popularizdo en EEUU últimamente. Se trata, en cualquier caso, de una vía de intercambio de ideas que parece que va a tener un largo recorrido y nos seguirá dando sorpresas en los próximos meses. Lo llamativo en el caso de Danny Brown es que sea capaz de usar una base con un carácter tan marcado como el de Rustie y de adaptar su forma de rapear para integrarse a la perfección en el patrón rítmico de la canción. Es algo que el propio Brown ha reconocido perseguir con este disco: plantearse ritmos que le supongan un reto. Es por este motivo que este tramo del disco funciona igual de bien que el primero, aunque en cuanto a letras pasen a un primer plano las ganas de fiesta. A pesar de esta transición, sigue habiendo conexiones con la primera parte del disco: así, en ‘Dope Song’ Brown recuerda que es la última vez que habla sobre su pasado, al tiempo que critica a los raperos que siguen explotando lustros después sus mitos fundacionales para perpetuar su credibilidad callejera. No es la única crítica interesante que aparece en esta sección del disco: en ‘Dip’ describe un subidón de Molly, para después denunciar que muchos raperos hablan de esa droga sin realmente haberla probado.

 

A pesar de que la rareza en el hip hop sigue cotizando al alza, y que en este sentido Danny Brown va sobrado, con ‘Old’ ha conseguido trascender el  principal peligro al que estaba expuesta su carrera, que era el de convertirse en una caricatura de su propia personalidad pública. ‘Old’ es un disco extrañamente reflexivo y fiestero, marcado por el punto de vista desde el que se sitúa el Danny Brown narrador sin perder la rudeza de sus inicios. Lo más sorprendente de todo es que entre las influencias confesadas por el propio Brown se encuentran el ‘Closer’ de Joy Divison y el ‘The Bends’ de Radiohead, aunque su presencia no se puede detectar tanto en lo musical como en el tono del álbum. En cualquier caso, Danny Brown sigue siendo uno de los personajes más vibrantes de la música popular estadounidense contemporánea.

Resumen 2013: 10 discos.

10 discos del 2013. Ni los mejores, ni los imprescindibles, ni los más importantes. Simplemente los diez discos que más he disfrutado este año, por orden alfabético. Por supuesto que se me han quedado muchos fuera (por poco no entraron Danny Brown, Death Grips, Fasenuova, Haim, o Jessy Lanza entre muchos otros), pero como ya dije el otro año, tampoco es cuestión de poner en las listas todo lo que se ha escuchado y que nos ha gustado. Así, con un top diez, creo que nos quedamos solo con el hueso y el músculo de lo que más me ha interesado este año. Ahí va mi selección.

BEYONCÉBeyoncé

La sorpresa de última hora. Un disco de música de club para escuchar a altas horas de la mañana, y construido a partir del R’n’B futurista, el hip hop sureño, el soul y el funk con gente como Drake, Frank Ocean, Timbaland y Jay-Z en la lista de colaboradores. Nos acompañará durante buena parte del 2014.

BFLECHA – βeta

Superando incluso las previsiones más optimistas, Bflecha nos ofreció un álbum de pop futurista en el que tanto ella como su compañero en tareas de producción Mwëslee cristalizaron el trabajo previo de muchos años. Una sucesión de buenas ideas de producción y ganchos melódicos destinada a ganarse más y más adeptos con el paso del tiempo.

CHANCE THE RAPPERAcid Rap

Chicago estará arruinada, pero musicalmente ha resurgido al mismo tiempo como uno de los núcleos de creación musical más interesantes. Chance the Rapper destacó por esta mixtape que derrocha personalidad y optimismo frente a la deprimente realidad. Colorista, cálido y lleno de influencias de diferentes tipos de música negra estadounidense.

DJ RASHAD Double Cup

La contribución de DJ Rashad al sello Hyperdub se debe al gran interés que el footwork ha despertado en el Reino Unido. Puede que Double Cup sea un álbum para escuchar más que para bailar (aunque también es innegable su efectividad en un club), pero aunque así fuese, contribuyó a aumentar el impacto del género más allá de Chicago.

JULIA HOLTERLoud City Song

Julia Holter se mostró aún más cómoda y expresiva con una producción más ampulosa en Loud City Song, confirmación de su capacidad para hacer pop sofisticado e intelectual capaz, sin embargo, de ser altamente efectivo sensorialmente hablando.

KANYE WESTYeezus

Una de las grandes polémicas del año. A mí me gustó por lo chirriante que suena, por cómo las colaboraciones no están subrayadas sino que contribuyen al sonido del álbum (estupendos, aquí sí, Daft Punk) y por ser un disco al mismo tiempo sobre el ego de West y el racismo en EEUU, aspecto este último todavía por explorar con detenimiento, como demuestra este texto sobre el vídeo de ‘Bound 2’.

KELELA Cut 4 Me

Uno de los mejores ejemplos de que los sellos son los nuevos autores: en el 2013 Fade to Mind se confirmó como una de las propuestas estéticas más relevantes, en buena parte con esta mixtape en la que participaron los productores más representativos del sello, sobre cuyas bases la cantante etíope-estadounidense Kelela consiguió hacer sitio para que su voz sonase cohesionada con el conjunto dando una vuelta de tuerca más al soul moderno.

ONEOHTRIX POINT NEVERR Plus Seven

Y Lopatin lo volvió a conseguir, confirmándose definitivamente, por si alguien lo dudaba, como uno de los músicos más destacables del inicio del siglo XXI. R Plus Seven, su debut en Warp, combina sus sonidos más reconocibles con nuevas audacias y un puñado de hits inolvidables. Sigue sonando futurista con su discurso sobre la obsolescencia tecnológica, los lados oscuros de nuestra relación con la informática y, a pesar de todo, el magnetismo que nos provoca la tecnología.

SKY FERREIRANight Time, My Time

Uno de los discos más sorprendentes del año -por lo inesperado, y por el contraste con los anteriores singles- fue el debut de Sky Ferreira, que ha hecho un disco incómodo y muy físico, desde la portada hasta la producción, emborronada con ruido y cajas de ritmo galvanizantes.

THE KNIFEShaking the Habitual

La otra gran polémica del año. The Knife volvieron  después de un largo parón y tuvieron la suerte de girar su discurso hacia las mismas teorías de género que tuvieron una interesante presencia en la prensa musical online a lo largo del 2013 y que determinaron el modo en que el disco fue hecho y su modo de presentarlo al público en su también controvertido directo. Ambicioso, excesivo e imperfecto, sí, pero también el disco que quizás mejor nos ha hablado del presente.

Congo Natty “Jungle Revolution”

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Jungle Revolution es un disco que escuchamos el 60% de este blog en el coche de camino a Celorio (ejem, la playa en la que Carmen Lomana metió el coche el pasado verano). Y también hace un par de semanas de camino a Cádiz. Es un disco veraniego, cálido y animado, y es un disco para escuchar en el coche, donde la mayoría tenemos ahora el mejor equipo de música, o los mejores altavoces. Es una pena escuchar Jungle Revolution en un equipo no adecuado porque se resiste a la estandarización de las producciones contemporáneas que reducen el dinamismo para sonar bien a través de los minúsculos altavoces de nuestros ordenadores y dispositivos móviles. Fiel a la tradición musical del jungle y la música jamaicana que este disco reivindica, lo mejor es escucharlo con unos buenos y potentes altavoces, para apreciar mejor las gigantescas líneas de bajo, que sostienen y dan cuerpo a todo el conjunto.

Pero no es solo un disco festivo. El álbum funciona como reflexión y reflejo de las sociedades occidentales contemporáneas: la británica en particular pero también la nuestra. El multiculturalismo, la velocidad de la vida urbana y la fragmentación están codificados en sus sonidos. De hecho, es un disco con muchos matices: puede sonar alternativamente festivo y reposado, denso y relajado, apocalíptico y festivo, y a pesar de todo mantiene la cohesión.

Congo Natty ofrece una visión de la sociedad en la que muchas cosas no funcionan, pero que no se deja vencer por el pesimismo y reivindica la posibilidad de darle la vuelta a la situación y de bailar mientras se intenta. Es sobre todo efectivo por lo confiado que suena en su dialéctica apocalíptico-festiva. Y es, claro, la consecuencia directa del hecho de que es un disco de madurez, el resultado de una vida observando la evolución musical caribeño-británica en paralelo a los cambios sociales en la misma sociedad. Congo Natty, recordemos, es la misma persona que como Rebel MC alcanzó los primeros puestos en la lista de singles británica con “Street Tuff“. Este aspecto de retrato social está presente en el tono apocalíptico de la música y en samples como el del incendiario diálogo con el que se abre “London Dungeons”, sacada de Babylon, imprescindible documento sobre la sociedad que vivió los soundsystems urbanos en la Inglaterra del post-punk. Ahí va la película completa por si no la habéis visto (en versión original sin subtítulos, eso sí):

Jungle Revolution es también un disco de tesis, ya que Congo Natty reinterpreta el jungle como un eslabón más en la evolución de la música caribeña. Por eso se subrayan elementos que conectan con el roots reggae (algo que tiene que ver con el hecho de que él pertenece a la religión Rastafari, y que es evidente al leer títulos como “Revolution” o “Jah Warriors”)o el dub. Incluso se sumerge en el dubstep en la parte final del disco, con “London Dungeons” y “Micro Chip (Say No)”. Por todo esto, el disco no debería ser considerado como un ejercicio más de retromania. Es más bien una reivindicación de una evolución musical cuya validez contemporánea se intenta reavivar con este disco. Y por eso el disco también guarda un lugar para numerosas figuras indispensables en la evolución de la música caribeño-británica: desde el hecho de que esté producido por el legendario Adrian Sherwood hasta la participación en el single “UK Allstars” de los no menos importantes Tenor Fly, Top Cat, General Levy y Tippa Irie (un auténtico quién es quién de MCs británicos de los ochenta). 

Así que Congo Natty da aquí en el blanco en su intento de devolver a un primer plano la música festiva, carnavalera de las multiculturales calles británicas, sonando incluso por momentos a unos Specials del siglo XXI (en “Get Ready”, por ejemplo) o acercándose a la visión más apocalíptica de The Bug en “Nu Beginninz”. Lleno de detalles que evitan que el disco se vuelva reiterativo y aburrido, ya sea sampleando el Ba Ba Boom de The Jamaicans o haciendo uso de significantes sonoros tan representativos como el chicken scratch guitar o el Amen Break, se nota que Jungle Revolution es un disco cuidado hasta el más mínimo detalle para decir lo que quiere decir mientras nos hace bailar.

El asalto al verano de Run the Jewels

Run The Jewels Cover

Mucho antes de que el post-apocalipsis y las distopias se colasen en la franja mainstream de la cultura popular, el sello Definitive Jux, a través de discos tan absolutamente enormes como The Cold Vein, ya exploraba a conciencia la imaginación en busca de ambientes post-industriales, enrarecidos y a la vez excitantes, perversamente atractivos. Se podría caer en la tentación de llamarles visionarios, ahora que el 11S y la crisis han propiciado un aluvión, en los últimos años, de historias ambientadas en un futuro inmediato en el que todo va a peor. En el 2013, El-P (uno de los fundadores del sello) sigue siendo uno de los músicos que mejor convierte esa tensión post-milenio en canciones que están repletas de sonidos oxidados, oscuros y tensos, y eso es lo que ocurre en Run the Jewels, el álbum conjunto de El-P y Killer Mike que ha llegado casi por sorpresa justo a tiempo para convertirse en el disco más disfrutable del verano. Como las manos zomby de la portada de Run the Jewels, los ritmos metálicos y los sintes parecen haber sido recubiertos por uranio, de ahí el color verdoso de las manos en la portada, que se refleja en el fulgor radiactivo que desprenden sus producciones.

Las comparaciones entre Run the Jewels (nombre que han sacado de una letra de LL Cool J, como muestra de su admiración por la etapa del hip hop en la que se formaron) y los recientes discos de Jay-Z y Kanye West resultan probablemente inevitables, pues son el contexto en el que aparece este álbum. También hay que decir que ellos mismos favorecen las comparaciones en las letras de sus  canciones y en algunas entrevistas. Run the Jewels ha aparecido para estropear la estrategia de acaparar la atención mediática llevada a cabo por las innovadoras y agresivas tácticas de marketing de West y Jay-Z y sus ambiciones por hacer que sus discos sean lo que se conoce como un game-changer, un disco que cambie las normas del juego en el hip hop. En lo que respecta al modo de hacer llegar el disco al público, Mike Killer y El-P han optado por trabajar con el sello Fools Gold, que ya publicó gratuitamente -y con gran repercusión- hace unos meses el XXX de Danny Brown antes de editarlo de manera convencional. Ahora repiten la jugada con Run the Jewels, que se puede descargar de manera gratuita y también comprar físicamente en una edición limitada. Se trata de una estrategia más realista como propuesta de futuro que las faraónicas tácticas corporativas de West y Jay-Z.

Quizás no se pueda decir que el disco de El-P y Mike Killer sea un game changer estilísticamente, porque continua la senda trazada desde hace años por ambos y que en realidad ya demostró el año pasado su excelente estado de salud con dos álbumes que quedaron injustamente en un segundo plano frente a discos como los de Kendrick Lamar. Pero es ahora cuando parece que van a recibir por fin la recepción unánime que ya merecían el año pasado, con un disco que se puede ver como una versión underground de Watch the Throne. También es interesante pararse en las diferencias, que obviamente son muchas e interesantes. Un ejemplo: mientras que el Yeezus de Kanye West fue creado por un entramado de colaboradores, Run the Jewels es un disco creado por El-P y Killer Mike prácticamente en solitario, como podéis ver en la imagen de aquí debajo:

Sin título

En un año en el que hemos discutido largo y tendido sobre álbumes de grandes ambiciones y duración exagerada (como los de The Knife Daft Punk), la media hora escasa de Run the Jewels, sin bajar el listón en ninguno de sus diez temas, supone una frescura y una concisión que son más que bienvenidas. Algunos echarán de menos letras más abiertamente políticas, algo que han hecho muy bien con anterioridad y que seguramente volverán a hacer en el futuro. Run the Jewels es uno de esos raros discos que nacen como un entretenimiento pero que se resisten a resignarse a ser un disco menor, revelando así la verdadera dimensión de sus creadores. Como ellos mismos han dicho en esta entrevista:

No estamos por detrás de ningún rapero o productor. Rivalizamos con todos tus ídolos y vamos a usar los próximos treinta minutos para demostrarlo.

Los Cleaners from Venus, plis RT

Cleaners from Venus son uno de mis grupos de pop preferidos y ¡tendrían que ser mucho más conocidos! Recientemente, cabe decirlo, FactMag ha seleccionado un disco suyo entre los 100 mejores de los años ochenta. Son como la versión maquetera (por sonido e identidad) de XTC, aunque normalmente se les vincula más a la escena cassetera de R. Stevie Moore y acólitos. Además de esquivar algunos tópicos del pop, los Cleaners coquetearon con el dub y los sonidos post-punk en sus grabaciones y sirvieron de inspiración para músicos como Ariel Pink. Los discos de Martin Newell en solitario también valen la pena.

Matías Aguayo – The Visitor

matias_aguayo_the_visitor-300x300El órdago rítmico que necesitábamos.

Aviso que engancha.

Aquí un vídeo

Y el disco entero se puede escuchar aquí.