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David Byrne petando el subwoofer

pillao!

“Where are the new music venues? Are there venues I’m still not acknowledging that might be influencing how and what kind of music gets written? Well, there is the interior of your car. I’d argue that contemporary hip-hop is written (or at least the music is) to be heard in cars with systems like the one below.”

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“The massive volume seems to be more about sharing your music with everyone, gratis! In a sense, it’s a music of generosity. I’d say the audio space in a car with these speakers forces a very different kind of composition. The music is bass heavy, but with a strong and precise high end as well. Sonically, what’s in the middle? It’s the vocal, allocated a vacant sonic space where not much else lives. In earlier pop music, the keyboards or guitars or even violins often occupied much of this middle territory, and without those things, the vocals rushed to fill the vacuum.”

Cita sacada del libro “How Music Works”, del amigo Byrne.

“Escuchando música en el carro, / si quiero algo, lo agarro.”

Bedsit Disco Queen

la adoro

Hay dos clases de personas: las que adoramos a Tracey Thorn y las que aún no la conocen.

Libros de música: Re-Make/Re-Model: Art, Pop, Fashion and the Making of Roxy Music, 1953, 1972

Prácticamente todas las biografías de bandas y músicos que he leído empiezan con unas cincuenta páginas en las que se relatan los años de infancia y adolescencia, además de los años anteriores a hacer la música por la que son recordados. Suelen ser páginas pesadísimas de leer, que uno pasa apresurado esperando llegar a la etapa de su vida que nos interesa. Es, sin duda, uno de los lugares comunes en este tipo de libros, como lo es el hecho de que siempre se señale una anécdota de la infancia o la adolescencia que permita establecer que su estilo ya estaba formado mucho antes de comenzar su andadura musical. La idea es contribuir al  mito de que el genio nació así, y buscar en su biografía datos reveladores de su precoz inspiración.

Pues bien, este libro se centra precisamente en esos años formativos. La mágica frase ‘Entonces Brian Eno conoció a Bryan Ferry’ no se puede leer hasta la página 341, ya en la parte final. Solo por su planteamiento, esta biografía de Michael Bracewell ya se aleja lo suficiente de lo trillado como para llamar la atención, aunque corría el peligro de caer en el soporífero recuento de la prehistoria de Roxy Music.

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Afortunadamente, el caso de Bryan Ferry y compañía es diferente, básicamente por el interés de las personas a su alrededor y que, según la tesis de este libro, formaron el gusto y las ideas de Roxy Music. Una vez que entras en el juego y aceptas que no se trata de un libro sobre la banda inglesa propiamente dicho, sino más bien sobre las circunstancias artísticas y sociales que permitieron la existencia de un grupo como Roxy Music, se trata de una lectura fascinante, y que solamente flojea en la parte final, en la que entran en juego demasiados nuevos ‘personajes’, debido al afán de su autor por establecer nexos en una especie de prueba de los seis grados de separación que, en algún párrafo, termina pareciendo un listín telefónico. Lo de los seis grados de separación no es ninguna tontería: solo hay dos entre Bryan Ferry y Duchamp o Andy Warhol, por ejemplo.

Así que The Band that Invented an Era (que así es como se retituló el libro en su edición de bolsillo, que es la que yo compré) es un volumen sobre el contexto que rodea el nacimiento de una banda, insólito en su fijación por las ideas más allá del anecdotario crea-mitos que suele nutrir la mayor parte de biografías musicales. Casi se podría decir que se trata de un libro escrito desde la perspectiva del materialismo cultural de Raymond Williams, y que establece que toda forma artística está determinada por las estructuras sociales y económicas en las que es creada. Perfecto, por mi parte, ya que estoy totalmente de acuerdo con esa idea, y muy en desacuerdo con esa tontería de que los músicos son genios que crean ajenos al mundo que les rodea.

Quizás el hecho más importante y determinante en la vida de Bryan Ferry es la existencia, en la posguerra inglesa, de unas políticas sociales que facilitaron la primera generación de jóvenes procedentes de la clase trabajadora con acceso a estudios universitarios. En el caso de Ferry, originario del industrial norte de Inglaterra –él mismo compara el lugar en que se crió con los paisajes industriales en mitad del campo retratados por Thomas Hardy-, su oportunidad fue estudiar Bellas Artes en la universidad de Newcastle. Allí le dio clases Richard Hamilton, introductor en el Reino Unido del pop art, y fue compañero de estudios de gente que visitó y colaboró en la Factory de Andy Warhol. Este libro va desgranando poco a poco los personajes que rodearon a Ferry en sus años universitarios, prestando especial atención a las ideas artísticas de las que fueron pioneros, pero también presta atención, claro, a los gustos musicales de Ferry, cuya predilección por el jazz y el soul tendrían interesantes consecuencias en el sonido de Roxy Music. A continuación, el autor presta atención a Brian Eno y su excéntrica biografía, así como al periodo formativo del resto de miembros de la formación de Roxy Music que firmó los dos primeros, y magistrales, álbumes.

Aunque tan apenas se hable de la música de Roxy Music directamente, de las páginas de este texto se pueden extraer numerosas herramientas para comprender mejor la música de sus dos primeros álbumes. La irrupción en la universidad y en particular en estudios artísticos de estudiantes de clase obrera tenía que provocar, necesariamente, cambios en la manera de entender el arte, dentro de una época ya caracterizada por la fluidez social. En el caso de Roxy Music, lo que se consiguió fue llevar al terreno de la música popular la reflexión sobre los nuevos medios de comunicación y el capitalismo del Pop Art.

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(obra de Richard Hamilton, nótese la chica sobre el coche, y su posible influencia en las portadas de Roxy Music)

Una de cal y otra de arena, en el caso de Roxy Music: si por una parte su interés por los ritmos negros estadounidenses, y el tomarse en serio la música para divertirse, fueron un necesario revulsivo en un contexto musical en el que aburridos mastodontes de la pirotecnia técnica y el aburrimiento musical como Emerson, Lake & Palmer cotizaban al alza. En este sentido, me pareció muy curioso leer que uno de los motivos por los que ficharon a Phil Manzanera fue porque pensaban que los años que este había vivido en Sudamérica hacían que su forma de tocar la guitarra sonase distinta a lo establecido en Inglaterra por aquel entonces. Pero, por otra parte, su planteamiento bordeaba el postmodernismo, en particular con su interés en el estilo y la superficie como un fin en si mismo, los collages sonoros, etc. Pese a todo, Roxy Music fueron pioneros y ayudaron a sentar las bases de una tradición musical muy fructífera en el Reino Unido –aunque yo no llegaría tan lejos como para afirmar, tal y como hace el autor de este libro, que se inventaron una era-. Por supuesto que presentaban contradicciones, pero en su caso claramente lo bueno que aportaron supera a lo malo.

Otro aspecto que me interesó mucho fue ver cómo, a finales de los sesenta, ya existían muchos debates que hoy nos parecen típicos de nuestra época. Me refiero, en primer lugar, al revivalismo. Y es que Roxy Music está construido en buena parte como una recuperación de los años 30, 40, y 50, tanto en lo estético como en lo musical, demostrando que la retromania es un fenómeno mucho más antiguo de lo que nos parece ahora, aunque en la actualidad esté claramente determinado por los modos en que escuchamos y distribuimos música. Por otra parte, Roxy Music también escenificaron la oposición entre rockismo y poptimismo, décadas antes de que saliesen defensores de Britney Spears, con su reivindicación del pop más comercial, los musicales, las melodías pegadizas y la necesaria intrascendencia del pop mainstream frente a la seriedad masculina y heteronormativa del rock progresivo.

Es una pena, sin embargo, que el libro no se detenga más a analizar las portadas de sus discos. En un párrafo se acepta su componente machista, y en otro se ensalza la transgresión que suponía una imagen que reivindicaba el componente fan de la música popular, y que,  según se cuenta en el libro, fue determinante para que el sello Island les contratase. El tema daba para mucho más, como también sería interesante explorar las ambiciones de clase de Ferry, o el hecho de que Avalon (ya aceptado como una obra maestra) y sus discos en solitario de los ochenta ayudasen a cimentar el sonido del triunfalismo yuppie en los ochenta. Y es que Roxy Music dan para mucho más que las 400 páginas de este libro, que en cualquier caso sirven para entender mucho mejor a la banda, para volver a escucharlos y apreciarlos mejor. Así que muy bien, totalmente recomendado. A ver si alguien lo traduce al español.

 

How Soon is Now?

¿Necesitábamos realmente otro libro que nos contase, una vez más, la historia de Rough Trade, Postcard, 4AD, Creation o Warp? Puede que en principio no, ¿verdad? Pero Richard King, que conoce la industria musical británica desde dentro, propone una perspectiva diferente: repasar la historia de los sellos independientes británicos desde el punto de vista del negocio. Resulta interesante enterarse de las negociaciones y frecuentes disputas entre sellos para hacerse con determinados músicos, pero sobre todo es alarmante comprobar como en prácticamente todos los casos la gestión de estos sellos se caracterizaba por la improvisación y el caos, siempre supeditados a la romántica pasión musical que les llevó a empezar en este negocio.

También resulta curioso comprobar la fragilidad de muchos sellos una vez que alcanzan un mínimo de éxito. En estos casos las posibilidades son igual de peligrosas: o morir de éxito, sin dinero para satisfacer la demanda de un disco que empieza a funcionar bien entre el público, o abrazar los modos ortodoxos de la industria musical (es decir, las grandes multinacionales), algo que suele traer como consecuencia sacrificar la identidad del sello. La conclusión es que la independencia discográfica es una carrera de obstáculos fragilmente sostenida sobre un nicho de mercado que puede cambiar o desaparecer en cuestión de meses.

Pero no todas las conclusiones son negativas: por supuesto, es evidente la capacidad de los sellos independientes para adelantarse a los cambios, no solo estilísticos sino también en los medios de distribución con el cambio de milenio y la implantación de las redes para compartir archivos musicales como una realidad a la que los primeros en intentar buscar una solución fueron sellos como Warp y su tienda online, fundada en 1997. Es una pena que esta parte tan interesante, la que corresponde a los últimos 15 años, y en los que se han vivido unos cambios inauditos para toda la industria, la despache el autor con cierto apresuramiento. Es verdad que la escasa distancia temporal dificulta el análisis con perspectiva, pero en las páginas finales de este libro algunos responsables de sellos apuntan a posibles soluciones para la crisis de la industria como la adquisición de locales de conciertos o de servicios de venta mp3 tipo iTunes, un debate al que quizás se llega demasiado tarde (¿está ya todo perdido?) pero al que habría sido interesante dar más espacio.  Por eso, estaría bien que alguien escribiese otro libro sobre cómo los sellos independientes han intentado capear el temporal con más detalle. Y también se echa de menos una visión más crítica acerca de las previsiblemente tormentosas relaciones entre sellos independientes y multinacionales. Pese a todo, el libro es muy entretenido y está lleno de anécdotas jugosas -alcanzando su pico, como no podía ser de otra manera, en la época dorada de Creation. Así que muy recomendable, a pesar de no ser todo lo exhaustivo que podría haber sido.